Socioambiental


9 junio, 2020

LA BASURA QUE TIRAMOS




           

      Por Nazareno Farina



    El ritual de sacar las bolsas con “basura” todos los días,tiene sus protagonistas.Esta es la historia de Rolando.

    Cuando el camión de recogimiento de basura arrancó,el Rolando tuvo que dejar de pensar en la Ingrid. Daaaaaaaaale, gritó el Navaja.Los chiflidos lo hacían sentir orientado,mientras los siguiera oyendo podría estar a salvo.El camión avanzaba como un bólido sin alma por las calles mal asfaltadas, el viento refrescaba la cara del Rolando y el Rolando pensaba con un poco más de claridad, en la Ingrid, en su tercera hija y en el partido del domingo.

    Al Rolando, mejor conocido como Rolo en la barriada, siempre lo joden porque es medio poeta. Muchas veces se le fue el camión por andar distraído mirando los que todavía caminan por el barrio 13 de Marzo o por andar mirando alguna estrella, pero sobre todo por andar escribiendo poemitas en la parte de atrás de los tickets del supermercado o en los papeles aceitosos que vienen en las hamburguesas.

    Después de volver del trabajo, dormía toda la mañana y al medio día pasa a buscar a los pibes por el colegio. Son una masa los pibitos, la maestra siempre me dice lo bien que andan, por ahí el más chico es medio bando pero creo que la escuela no es un lugar muy piola para ellos. La tarde se pasaba rapidísimo a puro mate amargo y conversa con los vecinos, con los muchachos, algún picado por ahí, un vino. El porro no le gusta.

    Los atardeceres en el verano villero son bastante lindos, el sol rojo reventando los techos de lata, ma qué tanto joligud y tanto cuadro al óleo, los atardeceres en la villa son un poema, un arte. El sol entre los tanques y las antenas, cayendo muy de a poco. La sombra de los pibes al trote, el tierral que levantan los culiaos cuando se la pasan pateando toda la tarde. Hay un momento, casi en el final del espectáculo, en el que la caída del sol coincide con los últimos mates y las primeras luces artificiales, es casi metafísico,un momento de paz.Ni bien entra la noche hay que prepararse,  los pantalones y la camisa reglamentaria.Cada vez está más mugriento el amarillo flúor que nos da la empresa,no sirve para nada, si al final igual la gente no nos mira.

    La mayoría de las veces el viaje hasta la central de donde salen los camiones de basura es en bicicleta, sin ojo de gato y las ruedas a medio inflar. En colectivo a principio de mes, después a jugarse la vida en la cleta. Pero en general, los muchachos se manejan igual, muy poca plata para una bocha de gastos.

    El catálogo de desperdicios y despojos que hay en las bolsas, es interminable. De todo. Mierda, pañales, restos de comida,frutas podridas, cascarria humana, hisopos, algodones, sangre,hay mucha sangre siempre. Crema chantilly, toda la crema chantilly rancia que le sobra a las tortas de cumpleaños.

    Cuando pasa por la vereda de esa casa, el Rolando se pregunta por qué esos pibes lo miran así. Si él está laburando, les está recogiendo la basura. Basura que no le corresponde y que trata de convertir en un plato o dos de comida por día. Por qué lo miran con ese gesto de asco, con esa sensación de que están frente a un muerto. Tal vez tienen razón, piensa El Rolando. Tal vez sea que estoy muerto y listo.Qué divertido es ver pasar todos los farolitos amarillos, a la velocidad que va el camión se difuminan. La realidad se difumina, como la mierda. A los piques va el camión, no tengo tiempo ni para fumarme un pucho.

    Me gustaría poder ir al teatro y leer. Me gustaría poder opinar de todas las cosas que opina la gente para poder sentirse culta. Me gustaría que mis pibes pudieran estudiar un idiomita; por lo menos son mejores en la cancha que cualquier cheto con botines magenta y mediecitas a la rodilla.

    Faltan dos cuadras para terminar el recorrido. El Rolando va divagando, se nota.Las últimas dos cuadras son las de un barrio residencial que tira mierda como pocos. En las bolsas siempre hay botellas de champagne, sabés hace cuanto que no me tomo un champucito.La noche se va acabando como se acaba siempre todo. Dos cuadras más y terminamos, muchachos.El Rolando levanta con vehemencia las últimas tres bolsas y las tira a la boca humeante de mugre que tiene el camión. El movimiento fue rápido, un latigazo que solamente pueden hacer los tipos que llevan años en ese laburo.

    El camión arranca y el Rolo observa como de a poco va saliendo un sol que le entibia la frente. Siente un calor extraño en el costado. Piensa en el vidrio verdolaga de las botellas de sidra. Se mira la chaqueta, está llena de sangre. Estos culiaos que no envuelven los vidrios en diario:será de Dios!!.

    El camión avanza ya lejos.Rolo, huevón, dale que nos vamos.

    Termino la tarea. Otro día más en la vida de Rolando y su cotidiana relación con la basura.

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