Ecopedagogía


19 febrero, 2019

El sistema social oprime a la escuela




           

      Por Ruben Esper Ader



    Los últimos casos de violencia social y escolar,
    con jóvenes armados en las escuelas, padres justificando
    acciones de irrespetuosidad frente a docentes
    y gobierno que actúa sobre los efectos, dan un panorama
    preocupante para el futuro cercano. Y no es
    ciencia ficción.
    Estos hechos marcan una realidad, por un lado el
    bajo precio de la vida humana y por otro el estado de
    indefensión social, que da un mensaje claro: los habitantes
    se sienten desbordados frente a la realidad
    social y la escuela es la caja de resonancia. No hay
    respeto de sí mismo ni hacia el otro. No se respeta a
    los mayores y tampoco al medio ambiente. Pertenecemos
    a una sociedad que no contiene, no da seguridad
    y por lo tanto nos sentimos desprotegidos.
    Qué lejos quedó la Paideia griega, (“educación”
    del “niño”) hace ya 2.500 años, que significaba para
    los antiguos, la base de la educación. Tenía en su formación,
    la gimnasia, la retórica, la poesía, las matemáticas
    y la filosofía que debían dar a la persona el
    conocimiento, el control sobre sí mismo y sobre sus
    expresiones. Tuvo su máximo exponente en *Isócrates.
    Sin ánimo de comparar, solo con la intención de reflejar
    la idea de aquella sociedad griega “contenedora”
    desde la disciplina, el conocimiento, la afectividad
    y el intelecto y la nuestra, “contenedora” desde la
    permisividad y el facilismo.
    La Nueva Ley de educación Nº 26.206 partir del
    año 2007, que reemplazó a la funesta Ley Federal de
    educación, no ha producido cambios importantes.
    Lo que demuestra es que por más que sea una ley
    “progresista” el cambio no pasa por allí. Los cambios
    suceden cuando las comunidades hacen propios los
    cambios, establecen acuerdos, compromisos y estos
    se trasladan a movimientos que concreten esos mensajes.
    Esto es lo necesario: un movimiento por la educación
    pública. Que se ponga en el centro del debate:
    para qué se debe enseñar, qué contenidos son los más
    relevantes y qué métodos son los más aconsejables
    para llevar adelante los procesos de enseñanza.
    Por qué decimos esto. Precisamente porque:
    Sigue habiendo aulas con 30,35 y 40 alumnos. No
    se puede establecer una comunicación humana afectiva
    y reflexiva donde el hacinamiento produce la selección
    natural que planteaba Darwin. Es decir, “sobreviven” y se
    mantienen los que mejor se adaptan.
    La carga burocrática y administrativa sobre todo
    en la escuela primaria, es insoportable para los maestros.
    Deben estar más pendientes de entregar planes, informes y planillas de seguimiento, que de dar clase
    en forma efectiva y ocuparse de su propio perfeccionamiento.
    Hay abandono del Estado en la postformación de
    los docentes. Estos deben recurrir a institutos privados
    atrás de puntajes que le garanticen más, la estabilidad laboral, que mejores y actuales  conocimiento. Parece
    que todo se arregla en la enseñanza, ofreciéndole al
    docente capacitación en informática para el trabajo
    a través de  las Notebook.
    A la escuela le faltan canales de participación.
    Los docentes con un sindicato (S.U.T.E) poco
    representativo y claramente con una
    posición al lado del gobierno, los termina anulando
    en su capacidad de brindar aportes. Los padres
    participan poco, ya sea por miedo de las escuelas a
    darles espacio o por su propia apatía, desidia o desinterés.
    Los centros de estudiantes no son preparados
    desde una formación para la participación, sino
    son producto de las coyunturas y de los momentos y
    tiempos disponibles de los directivos. Hay que enseñar
    a participar.
    Pero que quede claro. La escuela no cambia y
    no mejora, porque el sistema político y social le sigue
    dando el rol de disciplinadora del sistema en su
    conjunto. Se sofoca toda iniciativa de creatividad y
    cambio. Es más, no hay margen en las escuelas para
    lograrlo. Por ello los jóvenes se manifiestan agresiva
    y violentamente; antes, por los “bordes”, ahora
    al interior de la escuela. Es la cultura de la violencia
    social que le está ganando la pulseada a la institución
    disciplinadora. Mientras la comunidad mire para el
    costado, no habrá visos de florecimiento, ya sean escuelas
    estatales o privadas, con nivel socioeconómico
    alto, medio o bajo.
    No vendría mal aprender de la historia. Un buen
    principio puede ser repasar la “Paideia griega.”
    Publicado en revista La Vena N° 49 –   abril 2011
    Rubén Esper Ader –

    ISÓCRATES. Dirigió una escuela, cuyo ciclo de estudios
    duraba entre tres y cuatro años y la relación que sostenía
    con sus estudiantes era íntima y afectuosa. Con un máximo
    de nueve alumnos, ejercía una influencia directa en cada
    uno. Su propósito era recuperar el esplendor de la cultura
    griega impulsando por medio de la educación una nueva
    cultura (paideia)… como única forma de consolidar instituciones
    fuertes y políticamente tan sanas como los ciudadanos
    que las formaran; esta fue la semilla del posterior
    humanismo occidental. Falleció víctima de un ayuno voluntario
    en protesta por la pérdida de la independencia de
    Grecia el año 338 a. C.

     

    Comentarios



Copyleft: Se permite la copia, distribución y uso de los contenidos de La Revista La Vena , siempre y cuando NO se utilice con fines comerciales y se reconozca la autoría. Agradeceremos se indique como fuente https://www.lavena.com.ar . Las opiniones vertidas por visitantes o colaboradores en el sitio pueden no reflejar las ideas de los miembros de Lavena.com.ar.

Relacionadas