Debates


17 abril, 2019

Argentina: el gobierno es débil




           

      Por Alfonso B. Ippoliti



    • Para pensar un poco la sociedad en que vivimos, una de las aristas ineludibles a considerar es preguntarse qué calidad de democracia tenemos. Me pregunto: ¿Hasta dónde puede caminar esta democracia con los factores de poder que no solo condicionan sino determinan el nivel de vida de la gente?

    Y si, efectivamente los factores de poder determinan desde el origen. Hasta donde puede caminar lo va a decidir la conciencia de pertenecer a un colectivo social. A un conjunto poblacional que se defiende de enemigos que elige cualquier disfraz con tal de poder entrar y dominar (narcotráfico, violencia, concentración de la riqueza, invasión cultural, etc); cada vez son más sutiles las formas de dominación. Estas se traducen en forma de corporaciones que históricamente son reconocidas como corporación agraria, política, militar, financiera, industrial, sindical, económica, judicial y tantas otras que se expresan en mayor o menor grado dentro de la sociedad y son las que condicionan el sistema político. Una de las novedades que encontré en esta democracia hoy, son las O.N.G y las asambleas que a través de su acumulación de poder ayudan a fijar la agenda.

    El gobierno de turno es en realidad la pieza más débil del sistema. Debe rendir examen cada 2 años.

    Reconozco, que hay líderes políticos que sostienen que la movilización popular es la salvaguarda para sostener en gran parte los derechos adquiridos por el pueblo; pero, la movilización popular es pura materia orgánica, no tiene un cerebro. Tiene una capacidad de presión, pero para ello debe poder juntar mucho protoplasma, demasiado, más allá del que está dispuesto a dar un ciudadano medio por ejemplo, que no le gustan las puebladas, el piquete ; entonces las movilizaciones populares son útiles, por ejemplo ahora en Francia, pero estos son casos excepcionales.
    Por eso digo, que es necesario formar intelectuales, con sentido colectivo, de la importancia que tiene rescatar la realidad para ponerla en forma frente al orden jurídico. Pero no nos olvidemos que el orden jurídico deriva del orden constitucional que es burgués, es inelástico; esta inelasticidad hace que cualquier manifestación distinta a lo establecido no pueda ser objeto de revisión de poderes que no esta dispuesto a ceder espacio.

    Si no formamos intelectuales con sentido social, no hay otra forma. La fuerza fáctica, sin inteligencia, sin plan, sin programa, sin ideología, no puede funcionar, no funciona, no va a funcionar, porque no es capaz de plasmar en el orden político una modificación que perdure en el tiempo. 
    La hipocresía se mide a través del sistema formativo de los sujetos y la reacción real que estos tienen en la vida cotidiana. No parece estar muy ensamblada la formación pedagogía hacia nuestros jóvenes con las conductas cotidianas que ellos observan, pero también hay un sistema social que está alejado, no le importa esa inclusión, sino que es egoísta, amorfo, disperso, donde lo más importante no es el colectivo social sino la ejercitación del individualismo.
    Lo importante no es el colectivo, sino cómo se consigue una ventaja sobre el otro. Es atractivo desde el punto de vista individual porque un individuo puede destacarse del otro pero se inventan todas las trampas necesarias para someter al otro para tener mejor porvenir.

    No hay salida individual, ni sectorial. La salida es estrictamente colectiva. Hoy lo que se observa es que algunos sectores medios  se expresan a través de su capacidad de consumo, de mayor suntuosidad en desmedro de otros grupos sumergidos. Pero ese consumismo trae consigo más presión social de los sectores excluidos, buscando salidas desesperadas.

    Caos político-económico social

    Los monopolios son los más beneficiados por el caos. Mientras más caos social haya más “orden suyo” que pueden poner el nuevo orden. El orden colectivo no existe. Porque esta negado. No hay quien aúne la opinión pública común. Se llega a través de los grandes medios de comunicación que no están programados para ordenar y consolidar colectivos solidarios sino más bien lo contrarios: ordenar una sociedad fragmentada.
    Cuando más fragmentada la sociedad, más dominan los grupos de poder.

    Se está profundizando, el sálvese quien pueda. No hay forma de revertir la voluntad popular cuando esta colonizada la voluntad individual. Le han colonizado la cabeza al pueblo. Eso lo hacen los medios y la predisposición de los sujetos a vivir en un supuesto orden. Hay primero una condición natural de rechazo a la fuerza joven, porque no responden a las formas antiguas de orden Esta fuerza tiende a reaccionar; como los jóvenes no encuentran comprensión a sus demandas, se desvían y encuentran otro tipo de actividad que termina infringiendo en actividades sustitutivas perjudiciales como la droga en alcohol, el delito.
    Hay que fijar una sociedad que se asemejen a la “paidea griega”, aquella experiencia histórica que brindaba seguridad y orden a todos los habitantes sin excluir a ninguno.

     

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