Ecopedagogía


21 febrero, 2019

Ecopedagogía y Vivir Bien




           

      Por Ruben Esper Ader



    Este artículo es el inicio de otros tantos que nos permitirán trazar más cabalmente los principios del Vivir Bien vinculados a los procesos de formación continua.
    Vivir Bien es una existencia en plenitud, dando rienda suelta a todas nuestros atributos y posibilidades: Ser conscientes que el centro de la existencia es primero la naturaleza; de la estrecha la relación e interdependencia que tenemos entre ella y las actividades humanas.
    Vivir Bien es un enunciado españolizado.La mejor denominacvión es la expresión suma qamaña que deriva del idioma aymara: «suma», “plenitud”, “excelente”, “bien” y «qamaña», “vivir”, “estar siendo”, “convivir”. El Vivir Bien, tiene un sentido ético-moral. Es un bienestar ambiental, espiritual, mental y físico.
    Las actuales sociedades consideradas desarrolladas, las grandes potencias occidentales y orientales, imponen modelos de desarrollo y comprensión del mundo que resultan inviables para la mayoría de los países. Tienen considerables problemas para respetar el medio ambiente; la riqueza de múltiples expresiones de las espiritualidades; no contemplan la diversidad de culturas que pueblan el planeta. Sus concepciones y estructuras avasallan identidades, costumbres y derechos humanos. Fomentan las desigualdades sociales al interior de las naciones
    Desde el punto de vista de las grandes potencias del mundo, y de las clases dominantes de los diferentes países, el bienestar humano se reduce a “Vivir mejor”. Distribuir “un poquito” de la riqueza generada por todos. Esta ideología de los países desarrollados tecnológicamente, que proponen vivir mejor y disfrutar de una mejor calidad de vida, tiene un grave problema. Es que asocia esta calidad de vida, casi exclusivamente a la economía; midiendo el Producto Bruto Interno (PBI) de cada país; esto es la medición de la riqueza, en función de la producción de bienes y servicios en períodos; desestimando, la igualdad de oportunidades, los estados espirituales del ser, otras formas de economía social y solidaria o los impactos socioambientales, que ponen en peligro la vida sobre el planeta.
    Sin embargo, para la Ecopedagogía, el bienestar no se mide únicamente en función de la economía, si no que se edifica en los derechos humanos y ambientales, que constituyen la esencia misma de la vida.
    Afortunadamente, hay otras visiones. Rescatamos la sabiduría de todos los pueblos originarios del mundo. También, los aportes de la física y la dimensión Cuántica, las múltiples inteligencias y el conocimiento emocional.
    Pero tratando de proponer una alternativa educativa no me quiero ir muy lejos. Aquí cerca. Desde las comunidades mexicanas, pasando, por américa central, y en el seno de los países andinos, hay culturas formidables que nos permiten ser optimistas sobre las posibilidades futuras de nuestra Gran casa y el Vivir bien de todos los habitantes.
    Solo como ejemplo, desde las cosmovisiones Mayas, Toltecáyotl, Aymara y Quechua, donde toda forma de existencia tiene la categoría de igual. En una relación complementaria, todo vive y todo es importante.
    Tanto los procesos educativos, como los procesos de La Madre Tierra tienen ciclos. Épocas de siembra, épocas de cosecha, épocas de descanso, época de remover la tierra, épocas de fertilización natural. Así también el cosmos tiene ciclos. Los ciclos históricos tiene épocas de ascenso y descenso; la vida tiene épocas de actividad y pasividad. Estos conceptos llevados a los momentos educativos nos permiten vincularnos desde otro lugar tanto en la educación informal, como en la relación formal, enseñanza-aprendizaje y en la dimensión humana, docente-estudiante.
    La educación comienza en la familia o conjunto de familias. En el Ayllu, según los quechuas y en el Calpulli, de las comunidades Toltecáyotl. La importancia al recién nacido se da desde el origen, ya que se los considera ciudadanos con todos los derechos. En ese instante los progenitores, le presagian en parte su destino. Es tal la significación, que son llamados “joyas sin precio” o “plumas preciosas”.
    En este punto del desarrollo de la idea central, quiero resaltar algunas categorías complementarias, que sustentan la concepción del vivir bien. Donde el vivir bien prioriza la vida, busca la vivencia en comunidad, donde todos los integrantes se preocupan por todos, mediante los acuerdos por consenso. Entonces, Vivir Bien es buscar el consenso entre todos, lo que implica que aunque las personas tengan diferencias, al momento de dialogar se llegue a un punto neutral en el que coincidan y se superen los conflictos.
    Respetar las diferencias. Vivir Bien es respetar al otro, saber escuchar a todo el que desee hablar, sin discriminación o algún tipo de sometimiento. Esta postura, llevada a los ámbitos de la educación, considera el abordaje de un tema central: la convivencia humana, la integración, la inclusión; con la mayor amplitud y tolerancia.
    Vivir Bien es un estado de bienestar que llevado a la educación nos permite aprender en plenitud.
    Hay conceptos que fundamentan más integralmente esta postura y que son a saber; la complementariedad; respeto por las semejanzas y diferencias; priorizar los derechos cósmicos; saber comer y alimentarse; saber beber; saber danzar; saber trabajar; saber comunicarse; proteger las semillas y los recursos naturales; escuchar a los mayores, entre tantos.
    No robar y no mentir. Vivir Bien es basarse, según el idioma quechua, en el ama llulla, ama qhilla y ama suwa (no seas flojo, no seas ladrón y no seas mentiroso, proponen los principios andinos ).
    Entre las definiciones e interpretaciones a este término del Vivir Bien encontramos muchas variantes. Lo cierto es que si queremos Vivir Bien, debemos contar nuestra verdadera historia, valorar nuestra música, nuestra vestimenta, nuestra cultura, nuestras lenguas y nuestros recursos naturales.
    Para los que vivimos en Argentina y particularmente en Mendoza, claro que es importante rescatar estos postulados de la propuesta. Nos podría ayudar a construir y adaptar un modelo diferente de vida en la sociedad, un modelo diferente de educación, que nos lleve a una plena complementariedad con la naturaleza.
    Rubén Esper Ader

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