Socioambiental


26 marzo, 2019

GLIFOSATO, el  matayuyo y otras designaciones




           

      Por Revista La Vena



    GLIFOSATO, el  matayuyo y otras designaciones

    El glifosato es considerado un herbicida y matayuyo nefasto para la vida. Su fabricante, la empresa Monasanto.

    Durante la guerra de Vietnam, EEUU desarrolló un producto en contra de lo que en idioma castrense se denomina “cubierta contra las vistas” que servía de refugio y utilizaba el Vietcong para desplazarse sin ser detectados por la fuerza aérea. Se trataba de la eliminación de la espesura de la selva vietnamita. Su resultante, bajo secreto militar, se denominó “agente naranja” debido a la característica cromática que presentaba en aquel entonces.

    Dicho producto de síntesis química se esparcía desde un avión a cierta altura y hacía que toda la vegetación de la zona elegida perdiera sus funciones vitales, secándose en un corto lapso de tiempo, dejando a su enemigo al alcance de otro avión que esparcía metralla en torno a un círculo alrededor de la normal de lugar tomada como referencia.

    Después de la guerra

    Finalizada la guerra y ya en la década de los 70 el producto se perfeccionó (hoy es amarillo) al punto de hacerse selectivo en relación al tipo de hoja de la especie a atacar, ya que por ser nitrogenado el vegetal lo absorbe rápidamente por vía foliar y sistémicamente alcanza el resto de la planta hasta la raíz, secándose inmediatamente.

    Desde un principio en el sudeste asiático se indicó que como consecuencia de esparcir tal producto se generaron graves deterioros de salud en las poblaciones afectadas, sobre todo reproductivos, con malformaciones en nacimientos y afectaciones de mucosas y vista en personas expuestas, inclusive discurriéndose casos de algún tipo de carcinogenia en particular. Sin embargo las empresas que desarrollaron este producto declararon su inocuidad a través de unos estudios que a posteriori resultaron falsos al punto que el Gobierno de EEUU impuso al laboratorio que hizo estas declaraciones una multa de 15.000.000 de dólares y a las personas involucradas 5 años de prisión y multas individuales de 50.000 dólares.

    Soja y maíz

    Juntamente y con el fin de eliminar la flora nativa en espacios de cultivo se desarrollaron semillas resistentes al producto de manera que pueden germinar en este medio hostil, mientras que las restantes especies son eliminadas, perdiéndose la biodiversidad en enormes extensiones de suelo. Entre ellas se destacan la soja y el maíz que en aquel momento se los denominó “transgénicos” y actualmente llamados amigablemente “híbridos” por cuanto sus condiciones intrínsecas no permiten reproducirlas, debiendo los productores, en condiciones de clientes cautivos, adquirirlas permanentemente a las empresas monopólicas que la producen.

    Tras dos gravísimas hiperinflaciones, durante la Presidencia de Carlos Menem y Felipe Cavallo como Ministro de Economía, entre las condicionantes de un pacto de gobernabilidad conocido soto voce como “tratados pos Malvinas” se accedió, además del desmantelamiento de lo que quedaba del aparato económico estatal y la derogación de importantes leyes que imponían reglas antimonopólicas en la economía, a la producción de transgénicos en el País. En aquel momento frente a la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la Nación se encontraba Felipe Solá (año 1996), que en el siguiente período electoral accedió a la administración del Primer Estado Argentino (Provincia de Buenos Aires).

    Hoy se impone la soja transgénica en gran parte del País, con variedades de cultivo preparadas hasta para el secano (siembra experimental en el este mendocino), se sabe que resultan esquilmantes para los suelos y que en numerosos países se destinan únicamente para forraje de cerdos y pollos, no permitiéndose el consumo humano, a pesar de que las agrupaciones con intereses creados le adjudican condiciones de inocuidad aun cuando la incorporación de otros agroquímicos en su proceso de cultivo potenciarían su peligrosidad.

    En nuestro país son tantos los intereses creados en torno al uso de este producto, sus variantes y la producción de transgénicos, sobre todo de soja y maíz, que resultaría muy difícil en este momento modificar el entramado comercial e industrial de sus cultivos.

    En el mercado se conocen como “híbridos RR”, siglas de Round Up Ready, que podría traducirse como “listos para el Round Up” marca de los herbicidas de Monsanto, empresa internacional líder en transgénicos, que años atrás interpuso ante la Corte Internacional de Ginebra, una causa contra la Nación por el pago de las patentes de estas semillas.

    Si bien la estadística presenta a este cultivo en un cuadro de auge por su demanda para la generación de proteínas animales a nivel internacional, su exportación como un commoditie o materia prima de escaso valor agregado, obliga al estado a aplicar retenciones a las exportaciones con el fin de financiar actividades que promuevan tales carencias, máxime cuando el real manejo de la actividad se encuentra limitada a pules de siembra y exportadores, muchos de los cuales se amparan en su condición de inversores extranjeros para acogerse a los beneficios impositivos que tal asignación conlleva.

    Se dice que la soja transgénica consumida sin asociación con otros alimentos produciría en una primera face anemia por falta de hierro, además de incorporar al sistema digestivo minúsculas proporciones de herbicida presente en la planta desde el período de siembra y cultivo.

    De la industrialización de transgénicos como soja y maíz, se obtienen: aceites, harinas, lecitina, y endulzantes que posteriormente con el rótulo de vitaminas y nutrientes, se incluyen en la fabricación de alimentos de consumo masivo.

    La contaminación

    Cabe considerarse que el uso de herbicidas y agroquímicos en general contamina las napas de agua generando problemas costosos si se tiene en cuenta el valor de las perforaciones que deben profundizarse cada vez más, debido a que las aguas más superficiales terminan siendo nocivas para humanos, animales y plantas, temiéndose que aparezcan hasta rastros de acrilamidas, que en su condición de cancerígenas se las conoce en otra actividad contaminante de alto riesgo como es la megaminería de extracción metalífera por el sistema de flotación.

    En nuestro medio hoy, además de la mentada prueba de cultivos de soja transgénica del secano (este mendocino) se cultiva con difusión mayoritaria, tomate transgénico de altísimo rendimiento por hectárea por lo que se consideran esquilmantes de los suelos, entre cuyas críticas más conocidas está la de presentar índices mayores a 3,5 de pH y por lo tanto en caso de ser destinado a conservas se aconseja bajarle el pH con ácido cítrico, acético o ascórbico antes del cierre final de los envases y posterior proceso de pasteurización.

    En nuestros países el influjo político de las empresas de venenos como Monsanto, Bayer, Dupont, etc. posibilita la expansión del agronegocio, avanzando sobre los derechos al ambiente y la salud de millones de ciudadanos, desplazando campesinos, desmontando los bosques, concentrando la producción  y generando alimentos de mala calidad con crecientes residuos de agrotóxicos.-

    Alejandro Cortez – ecomonitor@hotmail.com

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