Noticiario


19 noviembre, 2020

LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA




           

      Por Revista La Vena



    Esta es la afirmación del autor.En una amplio artículo nos ayuda a entender que las energías convencionales de petróleo y gas, por ejemplo se están agotando.De allí la importancia de cambiar hacia otras energías.

    La energía: ¿bien de mercado o derecho?

    Esta es la realidad que debemos de afrontar. El acelerado consumo del último siglo ha devorado los recursos que se formaron en el planeta durante miles de millones de años. El declive energético ya es una realidad, y como sociedad tenemos que decidir cómo abordarlo. De no actuar pronto la crisis energética será incontenible, y con una única alternativa en el debate, la transición energética mainstream, la cual, en el caso de ser, no será universal.

    Hablar de transición energética es hablar de cómo fluye la energía en nuestra sociedad. Se trata de un cambio, una transición no sólo tecnológica, sino paradigmática, que desmonte nuestras barreras psicológicas y que nos permita transformar nuestra relación y comprensión de la energía. Debe ser un proceso capaz de dar voz y espacio de participación a todos, a toda la sociedad, no sólo al limitado grupo de agentes que monopoliza la voz y las decisiones del sector. Porque hablar de energía no es solamente un tema técnico, ni mucho menos económico. Es un tema que abarca desde las alianzas geopolíticas, tanto en procesos extractivos como tecnológicos, hasta el ejidatario que vive en una comunidad aislada, y al que un panel solar le puede dar acceso a la electricidad y, por ende, a una mejor calidad de vida. El tema también abarca políticas públicas y reglamentaciones del sector que moldean —cuando no directamente limitan— nuestra capacidad para ser partícipes del sector. O más importante aún, establecen si la energía es un bien de mercado o es un derecho.

    Esta visión nos presenta varios ejes que es necesario recorrer para poder realizar una transición energética justa. El primero y rector de todo el proceso es la conceptualización de la energía como un derecho, ya que es un requisito necesario para una vida digna. Sobre todo, si se considera que la energía es un derecho instrumental para el acceso a otros derechos fundamentales como la alimentación, la sanidad, o la educación. Los avances en establecer la energía como derecho se pueden ver en instrumentos desarrollados desde la sociedad civil, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes o la iniciativa ciudadana para reconocer en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos el “Derecho Humano de Acceso a la Electricidad”.

    Como derecho, el acceso y uso de la energía no debe verse más como una facilidad, un bien o un privilegio, sino como un vector de desarrollo humano. Para ello la educación y la comprensión de las implicaciones que tiene el aprovechamiento de cualquier recurso son fundamentales. La energía debe convertirse en un tema de dominio público, informado y común.

    Una transición justa

    Debemos entender la energía como un bien limitado. Las políticas que lo instrumenten deben tener como objetivo central el cubrir las necesidades energéticas de la sociedad y, bajo este paradigma, identificar y entender el origen y la causa de ellas. El alto nivel de consumo energético en transporte en América Latina no sólo es producto de tecnologías poco eficientes, sino que también se debe a la concepción urbanística de las grandes ciudades, a la percepción del auto como parte del patrimonio personal, o a ser países históricamente exportadores de hidrocarburos, entre otros factores.

    La comprensión de quién y en qué se consume la energía es fundamental para la transición energética justa. Si bien se tiene que reducir el consumo energético global es fundamental que estas reducciones sean progresivas con respecto a los índices de consumo, considerando que durante este proceso una parte de la sociedad deberá aumentar su consumo energético para cubrir su derecho a una energía de calidad, accesible y suficiente para cubrir sus necesidades energéticas.

    La transición de tecnologías de generación eléctrica que estamos viviendo, tiene que incluir el cambio de las formas de propiedad de las plantas de generación. Dado que estas tecnologías de generación se pueden desarrollar en pequeña escala, ya no existe limitante para modelos de generación colectiva o comunitaria. Eso permitiría transitar de un sistema energético que perpetúa la acumulación de capital, hacia uno que contribuya a la distribución de la riqueza en la sociedad.

    Puesto que la relación de los hombres y las mujeres con el sector energético, desde los puestos de toma de decisiones, hasta los usos e impacto de la carencia de energéticos es muy desequilibrada, la transición energética justa debe de tener entre sus objetivos impulsar la equidad de género.

    Como dice Pablo Bertinat;“desfosilizar, desprivatizar, desconcentrar, descentralizar, desmercantilizar, democratizar es el trabalenguas a resolver”.

    Autor: Rodrigo Palacios.Trabaja con modelos energéticos y eléctricos para el apoyo a la toma de decisiones y el desarrollo de políticas públicas. rodrigo.palacios@iniciativaclimatica.org

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