Noticiario


10 noviembre, 2019

RAMÓN ÁVALO SE FUE DE VIAJE




           

      Por Ruben Esper Ader



    UN LUCHADOR CONSECUENTE E INCANSABLE

    Se fue un activo defensor por los derechos humanos: Ramón Ávalo. Militante social, periodista y escritor, son algunos de los oficios conocidos, del popular “Negro”. Sus restos son velados en Godoy Cruz 1063, San José.

    Tuve la suerte de apreciar su generosidad y compromiso.

    El sabía como pocos, que las causas populares, necesitaban imperiosamente de comunicadores y medios que muestren e interpreten la realidad, sin disfrazarla  y sin ocultar la verdad.

    Por ello puso mucho empeño, en aquellos años 2002, 2003, 2004, 2005, a la tarea de  organizar junto a revista La Vena, otros medios y actores sociales y gremiales, los 4 encuentros de Comunicación alternativa; que marcaron un jalón en la comunicación comunitaria, popular y alternativa de Mendoza.

    “ …en un momento el jefe de policía, quería hacerme firmar un acta que yo estaba preso por habérseme encontrado material subversivo. Yo le dije: esto no lo voy a firmar porque lo que he traído no tienen nada que ver con los subversivos. Como no firme el acta, el tipo me mando de nuevo para adentro (detenido). Así fue como pelotudamente, fui el único periodista que caí en cana durante el Mendozazo…a la madrugada se escuchó un vozarrón que gritaba: ¡¡ Por qué estamos acá!!; era Ángel Bustelo, pero esa es otra historia.”, cuenta en su libro, *Hugo De Marinis.

    Fue uno de los pioneros en la lucha por los derechos humanos. De hecho, fue parte fundamental su participación en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, fundada en 1937, vinculado al partido comunista. A mediados de la década de los años 70, Integró la agrupación, Familiares de detenidos-desaparecidos por razones políticas y gremiales; luego se forman, Madres de plaza de mayo.

    A lo lago de su vida, supo forjar relaciones con Armando Tejada Gómez, Mercedes Sosa, entre otros tantos notables.

    No se callaba nada. Callar es una forma de ser cómplice, decía. Ese era un rasgo de respeto. Un sello personal. Estaba, en cuanto acto, manifestación o reclamo, vulnere los derechos esenciales de la vida humana. Allí estaba, alentando, ayudando, colaborando.

    Con respecto a la muerte se le oyó decir: los familiares y amigos queridos no se mueren, se ausentan.

    Paso a otro plano el Ábalo. Para quienes lo conocimos y compartimos sus ideales, nos queda el sabio apotegma que expresa: los seres pasan, las obras quedan. Dicho de otro modo, los seres se conocen por sus obras; y vaya que Ramón, a dejado un legado en al campo popular digno de ser reconocido y continuado por nosotros. Negro, ¡¡Hasta la victoria siempre!!

    *Hugo De Marinis. Libro: “Entre viñas, guitarreadas y revoluciones”

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